ADVERTENCIA
Esta novela se basa en investigaciones históricas exhaustivas, incluyendo los raros testimonios chinos que han sobrevivido, los informes militares británicos y franceses, los artículos de periodistas de la época y los archivos de museos europeos. Aunque algunos personajes son ficticios como individuos, sus experiencias y acciones se basan en relatos reales de supervivientes. Los detalles sobre los objetos, los edificios y los acontecimientos son tan precisos históricamente como las fuentes disponibles lo permiten. El Palacio de Verano era realmente una de las maravillas arquitectónicas del mundo, y su destrucción representa una de las mayores pérdidas culturales del siglo XIX. La versión original, redactada en francés, ha sido traducida a varios idiomas extranjeros. Las versiones traducidas pueden contener errores lingüísticos, contrasentidos o aproximaciones.
Versión española
Saqueo
Robert Casanovas
casanovas@hotmail.com
Depósito legal diciembre 2025 – Ebook digital y versión papel
© 2025 Casanovas. Todos los derechos reservados
ISBN: 9782488999014
www.international-restitutions.org
Portada:El antiguo Palacio de Verano restaurado – China Informaciones 2025
Del mismo autor: La habitación robada (novela)
El testamento era falso (novela)
ÍNDICE
Prólogo
Capítulo 1: El camino de la infamia
Capítulo 2: El tesoro del hijo del cielo
Capítulo 3: Los testigos silenciosos
Capítulo 4: El viaje
Epílogo
SAQUEO
PRÓLOGO
París, 4 de noviembre de 1859
Los adoquines de la rue Saint-Dominique brillaban bajo una lluvia fina que transformaba París en un cuadro grisáceo. El general Charles Guillaume Cousin de Montauban permanecía de pie ante la ventana, las manos en la espalda, observando a los transeúntes que se apresuraban bajo sus paraguas.
Detrás de él, el mariscal Randon, ministro de Guerra, hojeaba documentos con un gesto maquinal. El silencio se extendía entre ellos, puntuado por el crujido del parquet y el roce ocasional de una página. Randon levantó la cabeza, sus cejas pobladas fruncidas.
–Montauban —dijo con voz grave—, el Emperador le confía una misión que sobrepasa ampliamente el marco de una expedición militar ordinaria.
El general giró hacia él. Su rostro tallado a cincel, marcado por las campañas de África, permaneció impasible. Sus ojos azules, de una claridad inquietante, se posaron sobre el ministro.
–Estoy dispuesto a servir al Imperio dondequiera que sea, señor mariscal. China no me asusta más que los desiertos argelinos.
Randon esbozó una sonrisa. Se levantó de su sillón —su corpulencia hacía laborioso cada movimiento— y se acercó a un vasto mapa desplegado sobre una mesa adyacente. Mostraba el Imperio chino en toda su extensión, un territorio inmenso marcado con caracteres extraños y trazos aproximados.